#AgroexportaciónSinExplotación

"Yo soy Magda Portal"

Entrevista de Esther Andradi y Ana María Portugal para el libro "Ser mujer en el Perú" (1978) *

Publicado: 2017-10-01

No se trata de ningún mito. Magda Portal existe y es la única mujer en el Perú que, sin discusión alguna, forma parte de la historia política de los últimos cincuenta años. Perseguida y deportada por todos los gobiernos en las décadas del 30 al 40, su adhesión al Partido Aprista Peruano en 1928, le valió muchos años de cárcel: la condena más larga la cumplió en el gobierno de Benavides, en 1934. Estuvo encerrada en la cárcel de Santo Tomás durante casi 500 días.  

Perseguida, pasó mucho tiempo oculta en su propio país. Ella vivió la época heroica del APRA. Época de conspiraciones e intentos fallidos de revolución. La mayoría de sus viajes obedecieron a deportaciones. Ha viajado realizando propaganda política dictando conferencias sobre el antimperialismo por Cuba, México, Costa Rica, Venezuela, Colombia, Panamá, Puerto Rico, Haití, Santo Domingo, Chile, Argentina, Uruguay y Bolivia. De Puerto Rico fue deportada por dictar conferencias contra el imperialismo norteamericano. Más tarde, se le negaría una visa para visitar Estados Unidos.

Pero Magda, además de política, es poetisa y periodista. José Carlos Mariátegui, al referirse a su obra, dice en los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana: “Magda Portal es otro valor-signo en el proceso de nuestra literatura. Con su advenimiento le ha nacido al Perú su primera poetisa. Porque hasta ahora, sólo habíamos tenido mujeres de letras, de las cuales una que otra con temperamento artístico o más específicamente literario. Pero no habíamos tenido propiamente una poetisa”. Su actividad literaria está centrada en la poesía y el ensayo político. Su obra es la siguiente: Anima absorta, poesía, 1925 (inédito); Vidrios de amor, poesía, 1925 (inédito); El derecho de matar, cuentos, 1926, La Paz, Bolivia; El desfile de las miradas, poesía, 1926. Bolivia, inéditos; Una esperanza y el mar, poesía, 1927, Editorial Minerava, Lima; El nuevo poema y su orientación hacia una estética económica, ensayo, 1928, México; América Latina frente al imperialismo (Conferencias dictadas en Centro América y países del Caribe, Caribe, 1929), Edición limeña de 1931; Hacía la mujer nueva, ensayo, 1933, Lima; Costa Sur, poesía, 1944, Santiago de Chile; Flora Tristán, precursora, ensayo, 1944; Destino del hombre, poesía, 1948 (inédito); Quiénes traicionaron al pueblo, ensayo, 1950; Constancia del ser; antología de la autora, 1966; La trampa, 1956, Lima. De 1958 a 1971 dirige en el Perú la Editorial “Fondo de Cultura Económica” de México.

Nacida en Lima en 1903**, amiga de Mariátegui cuando éste regresa de Europa convertido al marxismo, al renunciar al Apra en 1948 se retira de la militancia partidaria, y vive largos años dedicada a la literatura. Su salida del ostracismo se ha producido este año (1978) al ser invitada por el Partido Acción Revolucionaria Socialista para integrar su lista de candidatos a la Asamblea Constituyente. En este país de desmemoriados Magda Portal es uno de esos valores olvidados. Pero siendo como es, una mujer, la sociedad patriarcal ha ejercido sobre ella una permanente discriminación, al negarle en más de una oportunidad el derecho al trabajo, y por lo tanto el ejercicio de su vocación literaria pues, por encima de todo, Magda sigue siendo una escritora inédita. El Perú está en deuda con ella. Y las mujeres también.


“una autodidacta”

Yo soy lo que se puede decir, una “autodidacta”. La vida mía ha sido de permanente luchas. Quedé huérfana a los cinco años * . Mi madre se volvió a casar pero enviudó al poco tiempo. Yo acababa de cumplir los 16 años y a duras penas había terminado mis estudios. Comencé a trabajar de inmediato, pero tuve tiempo de ir a la Universidad. Entonces, se podía asistir libremente a las clases, y como yo vivía cerca de la Universidad, me metía en un rincón y escuchaba las clases que más me interesaban después que salía del trabajo.

Cuando estaba en el Colegio, quería estudiar leyes, pero también me gustaba la medicina, incluso la historia y la filosofía. Pero económicamente, eso no era posible, pues yo tenía que trabajar. Nosotros, es decir, mi familia, hemos tenido una vida muy dura, muy perseguida. Mi única hermana mayor murió, ya casada y con hijos. Mis hermanos eran menores que yo, y ninguno ha estudiado profesión. Dos fueron militares, uno de ellos murió.

Tuve una infancia solitaria. Mi hermana mayor ingresó a un colegio de monjas, así que estuvo distanciada de mí. Con el hermano hombre que me seguía en edad, tuvimos una buena relación de juegos. Recuerdo que en nuestra casa de Bellavista, en un patío muy grande totalmente empedrado con caminos de cementos a los cuatro lados, yo hacía paseos todas las tardes contándome cuentos. Esa era la demostración de una soledad absoluta. También me gustaba subirme a los árboles. Casi no he jugado con muñecas. Pero así, de tener juguetes, no. Más bien, los inventaba, jugaba con barro, hacía muñequitos, animales, pájaros… Éramos niños huérfanos y pobres. De vez en cuando, algún pariente nos regalaba un juguetito. Pero el juguete se acababa rápido. Esa es la vida del pobre.

La clase media, en cambio, está en la sombra. Se sabe la vida de los ricos y la vida de los pobres, pero la vida de la clase media es, no diré “misteriosa”, pero está encubierta, porque nadie quiere decir hasta qué punto es pobre, es una especie de vergüenza. Cada cual guardo lo suyo, no lo deja entrever. Yo siempre combatí en este sentido a la clase media, porque mientras el pueblo lucha y pelea en la calle, ella esconde “las manitos” porque está esperando que le llegue los beneficios, de arriba o de abajo, pero siempre prefiere que sean de los de arriba, porque su aspiración es ser de arriba. Para nosotros, la lucha fue feroz, con una madre tan joven y completamente inepta para la lucha por la vida, acosada de todas partes. Después de la muerte de mi padre, la única solución que quedaba era vender y vender, hasta que se acabara la plata. Hay trozos de mi vida que está completamente vacíos. Los he olvidado totalmente. Mi padrastro, el segundo esposo de mi madre, murió a los diez años de matrimonio, dejándola en estado. La niña nació a los seis meses de la muerte de su padre. Yo no recuerdo el nacimiento de la niña, nada de lo que sucedió, es curioso. Pero hay otros pasajes que sí están presentes. Es el caso que toda mi familia ha estado en prisión, comenzando por mi madre. Investigaron a toda mi familia, nadie se escapó: hermanos, primos… Mi madre era muy afín a mis ideas. Nunca, jamás me reprochó nada. En mis persecuciones, mi madre se cambiaba de casas, a veces cada quince días para huir de la policía, porque llegaba y le quitaban todo, le robaban los libros, las cartas. Así perdí toda mi correspondencia.


“los inicios: el apra de 1923”

Un amigo me dijo: “¿quieres conocer a Víctor Raúl?” (1) Recuerdo que fue cuando Leguía era Presidente, cuando se intentó la Consagración del Perú al Corazón de Jesús (2). Yo era ignorante de todo, pero tenía amigos en la Universidad que participaron en la protesta contra la entronización del Corazón de Jesús. Haya tuvo una actuación muy relevante, valiente como líder, habla muy bien. Recuerdo que la policía lo persiguió y él se tiró al río. Todas esas cosas eran heroicas para mí. Después lo deportaron, se fue a Europa, ya estaba tuberculoso. Yo segúi en contacto con esa gente. Después conocía a José carlos Mariátegui (3). Había pocas mujeres en esos grupos: Blanca Luz Brun (4), Angela Ramos (5, la mujer de José Carlos, yo, y una que otra que llegaba esporádicamente. Mujeres en realidad, no visitaban mucho a Mariátegui. Por el año 1927, yo iba a Vitarte a recitar versos revolucionarios, pero al poco tiempo me fui a Bolivia huyendo de la policía.

Ahí viví unos años; y con un grupo de estudiantes sacábamos un periódico que se llamaba Bandera Roja, que era incendiario. “Matábamos” al mundo entero. En Bolivia también publiqué El derecho de matar, mi primer libro. Antes había escrito no sé qué cantidad de versos… El derecho de matar era un volumen de cuentos revolucionarios del cual se han sacado muchas copias fotostáticas. Pero pronto la policía nos cayó encima y el gobierno nos envió al Perú, donde nos encarcelaron. Poco después nos volvimos a reunir con Mariátegui, y acordamos fundar la Imprenta de la Confederación Obrera.

Cuando se estaba en este trabajo, cayó la policía y nos deportaron a Cuba. A Mariátegui lo apresaron, Blanca Luz Brun también estaba en el grupo. Recuerdo muy bien el titular de El Comercio de ese día: “En el complot comunista hay implicadas dos mujeres”.

A ella, la mandaron a Buenos Aires. De Cuba me fui a México. México fue un baño de conocimientos y de ideas sociales, porque no sabía nada de nada. Yo era poeta únicamente.

Estando nosotros ahí – éramos un buen grupo – Haya se hizo invitar, pues manteníamos comunicación con él, y también, dicho sea de paso, con Mariátegui para dar conferencias. Ahí recién formamos el APRA, que es la Alianza Popular Revolucionaria Americana. Éramos como ocho o diez. Estaban Cox, Vásquez Díaz, Serafín del Mar, Haya, yo… Fue en el año 1928, y fui la primera Secretaria General. Para ellos fui una adquisición, porque tenía algunos premios y era conocida como poetisa combativa.

Había ganado los Juegos Florales de San Marcos en 1923, compartiendo el premio con Alberto Guillén. Pero Haya me dijo: “Ya no puedes seguir escribiendo poesía. Ahora tienes que estudiar Economía Política”. Me puse a estudiar. Me acuerdo que estaba un día conversando con algunos amigos delante de un río. Entonces tomé mi libro Anima absorta, y lo rompí integro, viendo después como el río arrastraba los pedazos… En el fondo, tuve un desgarramiento, pero había tomado la decisión: “Tengo que estudiar, Haya nos ha dicho que tenemos que estudiar”. Todos los que estuvimos en el grupo inicial éramos muy jóvenes, y ninguno tenía título universitario. Sin embargo, Haya nos decía que a él no le interesaban los títulos. Él tampoco los tenía.

Después de estudiar disciplinadamente durante dos años, se me ocurrió hacer una gira por toda Latinoamérica, dando conferencia sobre el antimperialismo…. Con una audacia que ahora ya no tendría. Empecé en Centroamérica, las Antillas, Colombia, Venezuela, Panamá… Y ahí se acabó la plata. Estando en Puerto Rico para dictar conferencias, me deportaron a Colombia. Después me fui a Costa Rica. Allí me prepararon mi primer pasaporte falso.

Víctor raúl haya de la torre y magda portal


“mariátegui”

Yo estaba en correspondencia con Mariátegui. Él no se había afiliado al APRRA y me instaba a que perteneciera al Partido Socialista que estaba formando. Yo le contesté que el Partido Socialista resultaba en la realidad del Perú, menos oportuno que el APRA, que era más peruano. Él me contestó: “Debemos encontrarnos en algún sitio con todos los intelectuales de izquierda para conversar sobre esto, dígame Ud. donde”. Yo estaba en Colombia – no se crean que todo era una maravilla, se sufría mucho, a veces no había con qué pagar el hotel-. Le contesté: “Usted es el enfermo, diga la fecha y nosotros estaremos donde usted diga”. Nunca olvidaré su respuesta: “Yo sé que Usted adónde se le diga, ahí estará. Creo que nos podemos reunir en Chile”… Para mí, era igual. Nos embarcamos en un barquito miserable, pero llegamos. Entre ellos, Seoane (6). Por desgracia, el 30 de abril de ese año moría Mariátegui (7). Luego, cayó Leguía y todos regresamos al Perú. En esa época toda mi correspondencia cayó en manos de la policía, razón por la cual no tengo cartas de la época. Él era un hombre sincero, leal, talentoso.

Recuerdo que Haya no fue a la reunión de Chile. Estaba en Alemania y ya estaba separado de Mariátegui, y también de Ravinez (8), pues éste había entrado al Partido Comunista. Ravínez era un hombre siniestro.


“el voto femenino era prematuro”.

¡Cuánta mujer ha estado en prisión! Las mujeres caían presas y las subían por la escalera de la Intendencia, pateándolas. Las mujeres han sufrido mucho por el Partido, así que tenían derecho a ser consideradas de igual a igual, pero nunca se las ha reconocido.

Es cierto que se hablaba de la posibilidad de que las mujeres votaran. Eso se esperaba. Pero llegó el momento en que estos señores empezaron a ceder mucho. Consideraban que eso era “prematuro”, que todavía no era posible, que había que esperar un poquito más. Inclusive se habló muchas veces de Embajadas para mí, pero nunca sucedió. Dicen que a Bustamante y Rivero le propusieron que fuera yo, creo que a México, y que Bustamante se había negado. Se acordaría de cuando me hizo deportar a Bolivia…

Decían que la mujer no estaba “preparada”, que “había que educarla primero”. Igual han dicho de los campesinos, que no están preparados para sumir la dirección de sus empresas. Las mujeres en el Perú han tenido poca relevancia política. Cuando ingresé al Partido lo hice sola, y tomé un cargo en el Comité Ejecutivo. Todavía éramos una cosa en embrión. Después se formó el Comando Femenino y me lo dieron a mí, aunque yo nunca quise que hubiera separación entre hombres y mujeres. Yo decía: “El Partido es un y no deben haber separaciones”. Pero ellos no entendían eso.

Mi trabajo fue entonces el de dar una información política a esas mujeres. Yo reuní una Convención de Mujeres de todo el Perú en Lima. Tengo la documentación. Por primera vez, mujeres casadas, con hijos, con maridos, venían a la Convención durante ocho días. Madres de familia, mujeres indígenas, maestras….

Y tuve la gran decepción –ya estábamos mal con Haya- cuando invitamos a la jefe para que hablara. El les empezó a hablar del hogar, de la atención al marido, de la armonía conyugal, que sólo podía haber armonía “cuando la mujer comprendiera la situación del hombre”. Yo, que estaba a su lado, le decía: “Eso no les interesa a ellas… Hábleles de otra cosa”. Ellas habían venido a hablar de política. Yo les había preguntado: “¿De qué tema quieren que les hable?” Ellas me respondían: “De marxismo”. Mujeres del pueblo, oyeron hablar de marxismo, ¡y dijeron vamos a ver qué es eso! Y Haya les vino a hablar de cómo ser buenas madres de familia.

Dentro del Comando Femenino había una sección especial que recibía quejas de la injusticia de los maridos que además eran miembros de Disciplina… eran activistas. Pero el hombre siempre es prepotente, discrimina a la mujer. Ya lo dijo Lenin: “en el hogar el hombre es el explorador y la mujer la explotada”.

Para eso servía el Comando. Para que las mujeres vinieran a exponer sus problemas personales. Pero yo nunca actué como feminista, en el sentido que nunca actué para defender exclusivamente los derechos de la mujer, sino los derechos sociales para el trabajador. Yo decía: “La mujer tiene que luchar junto al hombre y aprender a actuar con ellos sin hacer diferencias”. Y es que el feminismo se inició como una animadversión entre hombres y mujeres, lo cual es inadmisible en una lucha social. No debe ser (9). Al hombre hay que enseñarle, que entienda que la mujer es una compañera de la lucha igual que él. ¡Cuánta mujer heroica ha habido en el mismo partido, mujeres que han llevado armas ocultas en sus cuerpos para alcanzarlas a los compañeros cuando estaban en plena lucha! Las mujeres eran para eso. - ¡Cómo pensar que la mujer era cobarde, inferior, capaz de llorar! ¡Cuánta mujer ha estado en prisión! Las mujeres caían presas y las subían por la escalera de la Intendencia, pateándolas. Las mujeres han sufrido mucho por el Partido, así que tenían derecho a ser consideradas de igual a igual, pero nunca se las ha reconocido. Porque el Partido Aprista enunció vagamente su doctrina social sin deslindar drásticamente su posición frente al capitalismo, y llegó a identificarse con la clase alta, llegó a sentirse más cerca de los de arriba que de los de abajo. Entonces, dejó de ser revolucionario. Por eso dejé el Partido.


“compañeras de viaje”

Me parece importante contarles un episodio ocurrido en el segundo Congreso del Partido en 1948. Yo ya estaba en franca rebeldía contra la Jefatura. Fue relacionado con una moción (o quizá fue solamente una declaración, no recuerdo si partió de la Directiva, o surgió). Esta declaración especificaba lo siguiente: “Las mujeres no son miembros activos del Partido, son compañeras solamente, porque no tienen calidad de ciudadanas…” ¿Y qué significaba haber luchado durante 20 largos años, para que después todas las conquistas fueran exclusivamente masculinas? Cuando yo quise impugnar eso, me dijeron que “no había nada en discusión”, que simplemente era una declaración… que no se iba a discutir eso. Pero ya era toda una definición. Entonces, me levanté y me fui. Tal vez lo hicieron para marginarme a mí, o tal vez por todas las mujeres.

Pero a las mujeres no las tomaban en cuenta. Cuando yo no estaba en el país o fuera de Lima, a las mujeres ni siquiera las recibía Haya. Claro que las mujeres de ciertos líderes lo reverenciaban. Recuerdo que una vez fue su cumpleaños – yo no estaba en el país – y le regalaron un florero de plata, lleno de flores. Él lo recibió, pero ni las gracias les dio. Total, ¡qué le importaban las mujeres! Pero a mí me respetaban porque tenía cierta fuerza. Alguien dijo un día que a la única persona que no podían hacerle esas cosas, ni Haya ni nadie, era a mí, porque entonces, “todas las mujeres saldrían en protesta”. Pero cuando me la hicieron, nadie protestó. Se quedaron. La mayoría se quedó. Otras, se fueron a sus casas, y se acabó la cosa. Pero la mayoría de las estaban en ese Congreso se quedaron. Conmigo se fueron unas cinco o seis mujeres, y también algunos compañeros porque yo dije: “Ah, esto no lo acepto. Esto es fascismo”. Me fui, y no regresé, por supuesto. Pero no tomaron en cuenta esto y cuando hicieron la nueva directiva del Partido me nombran Sub-Secretaria General, pero me quitaron el Comando Femenino, que ya era una fuerza. Pusieron a otra.

¿Saben? Una Sub-Secretaría es como una Vice-Presidencia. No tiene más acción que reemplazar. Pero así fue. Mi oficina, que era una oficina grande del Comando Femenino, donde se reunían todas las mujeres, ya no era más para mí…


año 48: “la renuncia”


En ese año, escribí el folleto Quiénes traicionaron al pueblo, y poco después la novela La trampa, el libro por el cual quisieron matarme.

No quisieron pelear conmigo, y por eso me dieron el cargo de Sub-Secretaria General. Era más fácil neutralizarme. Pero yo no volví, y poco después se produjo el movimiento del 3 de octubre (10). Sé que salió mucha gente, y muchos otros se encontraban indecisos porque en el interín vino la clandestinidad. Estuvimos escondidos un año. Después se produjo el proceso del Potao (11), y en este proceso yo dije: “No puedo continuar así, porque estoy contra ellos. ¡Les he mandado a decir que ellos traicionaron el movimiento!” Haya había frenado antes, otros tres movimientos. El único que se produjo, fue el del Coronel Pardo y otros militares, entres ellos Villanueva (12). Pero vino la delación, y las tropas tomaron el Real Felipe matando mucha gente. Ellos había escondido las armas, las habían sacado de los lugares donde estaban depositadas antes que viniera el pueblo a usarlas. Ese fue un movimiento que pudo ser el camino de una revolución en el Perú, si hubiera habido líderes capaces, con coraje como para hacerlo. La táctica era empujar, y cuando algo estaba por estallar, venía la orden de retirada. Lo de Trujillo se produjo sin Haya también. La historia del APRA es verdaderamente dramática… Pero pese a todo, tiene como positivo haber despertado un poco esa apatía del pueblo. En ese año, escribí el folleto Quiénes traicionaron al pueblo, y poco después la novela La trampa, el libro por el cual quisieron matarme (13). Pero no me mataron.

Ellos siempre han creído que yo caminaba armada. Las ex compañeras me avisaban para que no anduviera sola. Cuando publiqué Quiénes traicionaron al pueblo requisaron la edición. Ahora lo estoy rehaciendo, corrigiendo y aumentando. No sé cuándo lo publicaré.

Cuando me fui, Haya estuvo escondido en diferentes lugares, hasta que pidió asilo en la Embajada de Colombia, y ahí siempre recibía visitas. Una compañera me decía: “El compañero Haya dice que usted no tiene sentido político, que usted no puede medir las consecuencias de una actitud revolucionaría violenta, y que siempre ha estado en la línea de oposición del Partido”. Y esa gente joven le contestaba: “Nosotros sabemos que la compañera Magda está en la línea revolucionaría, porque ella lo que quiere es que tomemos el poder”. Pero, como de costumbre, la respuesta era y es: “No se puede, no es el momento”. Nunca era el momento, nunca llegó, y sigue sin llegar…


“las mujeres no entienden de política”

Me decía León de Vivero: “Las mujeres no entienden de política, no entienden”.

Yo sabía lo que iba a pasar el 3 de octubre (14), pero no tuve participación activa. Los que estaban comprometidos eran nada más que los hombres del comando de acción y los militares rebeldes, las mujeres, no. ¿Ustedes se acuerdan cuando la huelga del Guadalupe dejó un muerto? (15). El APRA provocó esa huelga y mandó matar al joven. León de Vivero me decía (16): “Necesitamos un muerto, necesitamos un muerto”. Y a la hora de enterrar al muchacho él me decía: “Ya tenemos al muerto”. Auténtico. Estaba planeado pasearlo por las calles de Lima para crear la indignación popular, pero no se pudo porque Odría (17) era Ministro de Gobierno y no permitió eso. Y el pobre muchacho se quedó bien muerto y no pasó nada más. Yo estaba indignada, y en las sesiones del Comité ejecutivo les reprochaba diciéndoles: “Ustedes han traicionado, ustedes han hecho esto”.

Ellos me tenían entre ojos, por eso siempre había un comando chiquito donde yo no estaba. Me decía León de Vivero: “Las mujeres no entienden de política, no entienden”. Pero las mujeres tenemos más sentido político que ellos. Y en el caso del 3 de octubre, ese sentido político de los líderes masculinos estuvo muy bien coordinado. Recuerdo que en la víspera del movimiento, conversando con uno de ellos que era amigo mío de años, Vásquez Días, le dije: “Ahora se va a producir el movimiento, porque todo está listo, pero tengo la seguridad que quien va a subir al gobierno será la reacción”. Y él me contestó: “Sí, porque son los únicos que saben gobernar2. “Ah, si esto sucede”, le contesté, “me voy del Perú para siempre. No voy a renunciar por no hacerle daño al Partido, pero me voy y no vuelvo”.

Claro que el machismo es un hecho. Este es un país machista. Pero son machistas que no tienen pantalones. Había un hombre, el Coronel Pardo, que siempre me decía: “Usted es más hombre que todos los que hay en el Partido”, y sin embargo agregaba: “Pero usted es cien por ciento mujer”. Y fíjense, quizá me hubiera gustado nacer hombre. Yo veo a los hombres que van de un lado a otro, libres, sin censuras, que pueden salir de noche sin problemas. En cambio, a las mujeres nos fiscalizan. Para eso hubiera querido ser hombre.

¿Si existiera la reencarnación….? Me gustaría reencarnarme en un líder revolucionario. Puede ser una mujer también, para no hablar sólo de un modelo masculino. Yo, en este caso, he fracasado por ser mujer; si hubiera sido hombre habría triunfado. Nunca me dieron la oportunidad de llegar más allá de lo que era en el Partido. Por ser mujer, incluso, tenía más vulnerabilidad para el ataque de los opositores. Me inventaban amores con éste o el otro líder. Una vez me publicaron una fotografía trucada donde o tenía no sé cuántas caras y me besaba con todos los líderes. Nunca la vi, porque en ese momento estaba en prisión. Nunca les di importancia a las habladurías y chismes, de lo contrario me habría vuelto loca y habría disminuido mi capacidad de lucha en todo sentido.

Aquí lo primero que hacen es atacar a la mujer en el aspecto sexual. Pero les voy a decir que en el propio Partido se hacía ese tipo de propaganda contra las mujeres de la clase alta, de las que en ese momento estaban en el poder. Esto a mí me desagradaba y yo les decía: “¿Por qué tenemos que atacar el honor de las mujeres?” Sea verdad o sea mentira, esta es una propaganda de baja categoría. “Al púbico le gusta eso, le gusta oír esas cosas, es lo que se capta más”, me decían. Eso quería decir que se captaba también lo que decían en contra de las mujeres apristas, especialmente de mí. Pero nunca tuve preocupación por lo que se dijera de mí.

Sí, también decían que estaba enamorada de Haya. No sólo de él, sino de todos. Me acuerdo que cuando estábamos en México, la mujer de Diego Rivera –que ya estaba divorciándose de él- se enamoró de Haya, pero él decía: “Para mí, el matrimonio puede ser una obligación que me imponga el Partido. Entonces me caso. Es como si le pusieran la montura a un caballo. Lo haré, si hay de por medio necesidades políticas. De lo contrario, no tengo por qué hacerlo”.


en la clandestinidad: sánchez cerro.

Cada vez que al Partido se le ocurría hacer sus intentonas de revolución, volvíamos a caer en la clandestinidad. Recuerdo que cuando subió Sánchez Cerro se intensificó la violencia después de los dos atentados. Fue una persecución bárbara después que Sánchez Cerro tomó el poder. Decía: “A estos comunistas – porque para él todo el mundo era comunista – los voy a aplastar como a cucarachas”. Haya estaba en la cárcel. Vivíamos a salto de mata. Recuerdo que yo saltaba de casa en casa. Una de esas veces, cuando ya no había ningún escondite seguro, me llevaron donde unas señoritas Goycochea. Todavía no estaba construido el lado nuevo de Miraflores. Todo era chacras. Ellas vivían allí. Eran dos señoritas de cierta edad con su hermano y las conocía una señora que me llevó. Ellas se asustaron mucho. Los compañeros me llevaron en un autito miserable. Me dijeron que iban a regresar como a las 10 de la noche para saber qué decía el hermano. Cuando éste llegó, dijo que no, así que me condujeron cerca de una chacra para que esperara el regreso de los compañeros. Era una chacra con alambrado donde había unos perros bravos. De inmediato los perros me rodearon, me ladraban como locos, claro que estaban a dos o tres metros de distancia. Desde las diez de la noche hasta las tres de la madrugada permanecí en aquel lugar, ladrada por los perros, esperando. A esa hora, pasaron los compañeros en un auto, simulando venir de una fiesta, y me llevaron a Chorrillos. Era un callejón donde ellos vivían. Cuando llegamos ahí, había un soplón bueno, porque también los había. Llamó a uno de ellos, y le dijo: “No te voy a preguntar quién ha venido, pero tú la sacas antes de las seis de la mañana; si no, tengo que denunciarte”. Entonces, me senté e una silla hasta las cinco y media más o menos, y de ahí salimos. Se me ocurrió ir a ver a una tía medio rica. Era un rancho en Chorrillos en el mismo Malecón. Cuando entré por la puerta falsa, toda disfrazada, encuentro que hay fiesta. Era su cumpleaños. Todos los parientes estaban ahí. Mi tía se asombró mucho de verme pero me aceptó en su casa. Ahí estuve durante tres meses, hasta que llegó la policía. En la víspera me avisaron y yo escapé. Siempre andaba disfrazada. Me teñía el pelo de todos los colores. Es que la persecución era terrible. Además, era líder, estaba en el Comité Ejecutivo.


prisiones: cuatrocientos días en santo tomás.

La primera vez que estuve en Chile, cai presa. Era la época de Ibáñez (19). Dormía en una celda, sobre una banca. Hice huelga de hambre y me pusieron en libertad. Fueron ocho días de huelga. Cuando subió Sánchez Cerro, me apresaron en Chiclayo. 24 horas en celda de rigor. Una cuartito de un metro por lado, parada todo el tiempo, tal era el odio que me tenían. A la media noche, uno de los policías que me custodiaba – entonces los Prefectos y Sub-Prefectos eran terribles (el Prefecto era un tal Cabada Dancourt, no me olvido su nombre), me puso una silla para que me sentara, para ablandarme seguramente, o para ver si lloraba y pedía perdón. Al día siguiente, me cambiaron de celda donde había una cama, y después me embarcaron para Lima. Me condenaba a 500 días. Nada nos habían probado (después de la muerte de Sánchez Cerro hubo una persecución horrible, hasta debajo de las camas buscaban. Luego subió Benavides y dio cierta amnistía, y yo salía a hacer propaganda).

La travesía de Chiclayo a Lima la hice en cubierta. Los marineros –era un barco chileno- por la noche me llevaban a sus sesiones y me decía: “Si usted quiere, no la dejamos desembarcar. La guardamos. En los barcos hay dobles paredes donde se mete el contrabando. La metemos ahí”. Pero alguien más avisado inquirió: “¿NO fumigan acaso el barco para ver si hay gente oculta?” Entonces, no tuve más remedio que desembarcar. Me llevaron al Real Felipe y ahí estuve desde las 10 hasta las 12 de la noche, en que me pasaron a Santo Tomás para cumplir mis 500 días de condena. Pero no los cumplí todos –habré hecho unos 400 y pico en total- porque ahí intervino el poeta José Gálvez, quien me hizo poner en libertad (20): Durante esa travesía me ocurrió un episodio curioso: era el mismo barco en el que se embarcó para Chile, Ciro Alegría. Al hacer cambio de guardia, yo estaba con un maletín chico en la mano, esperando desembarcar, y nadie me decía una sola palabra. Entonces, se me acerca un oficialito y me pregunta: “¿Ud., señorita, qué desea? ¿La han atendido?” Yo me quedé mirándolo, me parecía que se burlaba de mí. Ahí cometí un error, quizá por el cansancio, porque le contesté de inmediato. “¿Usted no sabe quién soy?” “No”, me dijo. “Yo soy Magda Portal”. “Ay…” y me cogió de un brazo, llevándome rápidamente hacia el fondo, cerrándome en un cuarto. Después, fue a conversar conmigo. “Si usted hubiera querido, se hubiera ido, y yo, Espada de Honor del General Sánchez Cerro, Espada de Honor… ¡Qué habrían dicho de mis superiores!” El creía que yo era una de las tantas que había ido a ver un preso.

La cárcel de Santo Tomás estaba en el centro de Lima, cerca de lo que es ahora el colegio “Mercedes Cabello”. A la hora que llegué –en la madrugada- me pusieron con las presas comunes en un cuarto grande con cuatro bancas y una lucecita arriba. Ahí había prostitutas, rateras, de todo. Aquello era un infierno. Alguien de adentro ordenó que me sacaran. Ya dentro del régimen carcelario tuve de que la Madre Superiora – su hermana había sido condiscípula mía en el Colegio- me permitiera dar clase a las internas. Muchas eran venidas de la sierra con sus hijos. Era horrible, el día entero rezos y rezos. El castigo era rezar el rosario. ¡Cómo pueden hacer que la gente odie el rezo imponiéndolo como castigo! En las clases, siempre había una monja que nos vigilaba. Les enseñaba a cantar, escribía canciones, hacíamos representaciones teatrales…

antigua Cárcel de mujeres "santo tomás"


“somos libres”

Todos los días en la cárcel, además de los reos, se cantaba el Himno Nacional. ¡Imagínense! En la prisión se cantaba: “¡Somos libres!” Algo realmente aberrante. En mi concepto, la mayoría los habían cometido por ignorancia, porque las había empujado su situación de pobreza, de miseria. La injusticia, y hasta la maldad de los mismos hombres.

¿Saben ustedes lo que encontré cuando viajaba por provincias? Una serie de mujeres presas con sus maridos… Las había encarcelado con ellos para ser “testigos”. En realidad, encarcelaban a todo un poblado, pero antes destruían sus sembríos, sus casas. Yo les preguntaba: “¿Por qué están presas?” Y ellas me decían: “Testigos, testigos”.

Cuando caí presa las monjas lo esperaban, porque mi madre había estado antes ahí. Seis meses antes, me parece. La Vicaria me quería mucho, llegó a ser mi amiga. Venía a conversar conmigo, a preguntarme sobre el APRA, sobre “el señor Haya de la Torre” (Haya estaba en la Penitenciaría). “Yo rezo por él”, me decía siempre, “cuando ustedes suban al poder, ¿nos van a cambiar de local?” Yo le decía: “Naturalmente, haremos un gran local”. En realidad, el régimen era duro, sobre todo para las presas comunes, pero no con las presas políticas. Pero cuando había muchas presas, la comida era idéntica. Un día nos dieron sopa podrida, porque la sopa que quedaba en la olla no la botaban, echaban ahí nomás otras cosas y seguía hirviendo. Entonces yo protesté, y protestaron todas. La monja se asustó, e inmediatamente trajeron comida nueva.

A mí me hicieron un baño con la ducha en el patio, al lado del jardín, donde estaban las arañas. Me decían que arañas muy venenosas. Ahí me bañaba, y me gustaba ver las arañitas… ¿Miedo..? Me han picado, claro, pero para morirme de terror de ver a una araña, no. ¿Un ratón? Qué va, como voy a tener miedo a un ratón. A lo que tengo horror es a los bichos, a las culebras. Yo le haría cariño a un león, si supera que no me va a morder. Pero a un ratón que es un animalito tan pequeño, imposible tenerle miedo…


“afearon el sexo”

Bueno, a la prisión nuestra no iban mujeres de “mal vivir”, como dicen, porque era una prisión para política. Pero algunas sí lo eran, aun siendo del Partido. Y ellas hablaban de sus cosas cuando creían que yo no las oía. Conversaban de sus clientes, que les había tocado tal o cual. Chalacas sobre todo, jóvenes, buenas mozas. Aunque el término es injusto. Yo diría que es mal vivir, porque los pobres no creo que vivan bien. Se contagian de enfermedades horrorosas y terminan en un hospital. No es buen vivir, es un vivir desgraciado. Es tan injusto, porque ellas no tienen el derecho de amar libremente, tienen que venderse porque su situación económica las obliga.

¿Saben quién afeó la relación sexual en el mundo? La religión, especialmente la religión católica. Lo convirtieron en algo pecaminoso, sucio, y después de convirtió en negocio, porque dejó de ser algo espontáneo entre un hombre y una mujer. El sexo es un comercio. ¿Cuál es su función? Pues yo diría que inclusive es una forma de higiene. Es higiénico usarlo, porque si no se usa se atrofia, incluso mentalmente produce ciertos traumas.

No es mentira lo que dice Zsa Zsa Gabor (22). Ella se conversa joven porque tiene una vida sexual activa. Es auténtico. Las gentes están disminuida por el miedo, por el prejuicio, por la vergüenza, o porque los hombres son machistas y siempre rebajan a la mujer que tiene una vida sexual libre. Ella no puede escoger, tiene que esperar que la escojan. No tiene injerencia en el acto sexual. Espera que se lo den. No tiene participación.

Me acuerdo mucho de una vez que estuvimos en Ayacucho, alojados en una casa de gran lujo, de uno que después fue diputado. Me dieron un departamento. Por la noche, el señor me toco la puerta. Yo le dije: “Ya estoy acostada”. “Pedro tendrá frío, te traigo una frazada”… “No, estoy bien”. Yo tenía la puerta bien cerrada. “Pero conversemos un poco”. “Mira, tengo sueño y quiero dormir”. No se volvió a atrever, porque cuando a una una le da la gana puede hacer lo que quiera. Pero cuando te lo quieren imponer, no. Los hombres creen que las mujeres están siempre listas y dispuestas cuando ellos quieran.


“del rosa al celeste”

El APRA del año 30 plantea el antimperialismo como arma de lucha. Era el momento de hacer la revolución. Era la palabra de orden. En las cartas que recibía de Haya – ahora ya no las tengo, las requisó la policía- me decía: “Por los caminos rosas, vamos a ir a los rojos”. Esta era su frase cuando yo le decía: “Creo que nos estamos ablandando un poco…” Claro que desde el año 45, yo ya estaba en franca rebeldía. Y cuando publiqué Quienes engañaron al pueblo, el año 48, dicen que Haya lloró, que le dolió mucho esta actitud mía. Verdad o mentira, no lo sé, pero tiene que haberle dolido porque yo estuve en los momentos iniciales del APRA en México, cuando todavía no era un Partido, sino una agrupación antimperialista. Y yo seguí actuando y luchando al servicio del partido durante veinte años. Pero también había sido defraudada en todas mis expectativas revolucionarias, porque a medida que pasaban los años, ellos se iban del rosa al celeste, al blanco o al negro, no sé. Pero al rojo, como él decía, nunca.

En realidad, nunca se habló de una Reforma Agraria profunda, y lo importante era eso, aunque las bases ideológicas del Partido señalaban que la “tierra era para el que la trabaja”. Pero cuando ellos tenían algo de parte dentro del poder, ya no acordaban de eso. No se atrevían a defender este principio por temor a perder sus vinculaciones con la clase conservadora. Recuerdo mucho cuando yo hablaba en Casagrande (23), y decía: “Casagrande hay que entregarla a los trabajadores”. Ellos me decían: “No, ni hablar. Casagrande se va al hoyo. ¿Quién va a representar a Casagrande? Es un mundo, es enorme”. Y sin embargo, ahora es una Cooperativa, y se pudo expropiar.


“yo soy magda portal”

Yo viajaba a realizar propaganda por todas las provincias del Perú. Esas famosas propagandas eran para diputados y senadores, ojo: cuando las mujeres no votábamos. Yo llevaba la voz cantante. Una vez, estando en Piura, que era una zona sanchecerrista, y también socialista del Partido de Luciano Castillo (24) –ambos enemigos del APRA- yo tenía que pronunciar discursos en muchos puntos, al lado de Arturo Sabroso, líder obrero de mucho rango y otros. Me acuerdo que fuimos a Sullana. El teatro estaba reventando. La parte de arriba estaba ocupada por los trabajadores, la platea por los señores. Entramos en un silencio mortal, nadie aplaudió, eran enemigos. Habló primero Sabroso, luego otro y otro, y yo tenía que cerrar el acto.

Comencé diciendo: “Ahora voy a dirigirme a los de arriba, aunque siempre lo hago a los de abajo”. Eso les gustó mucho. Seguí hablando, combatiendo los falsos revolucionarios, que tenía ideas de izquierda como flores en el ojal, que cuando se marchitaban las cambiaban por otras… Curioso; ningún discurso fue aplaudido. Pero a mí, al final me ovacionaron, y me abrían calle. Yo sabía el peligro que existía, porque cualquiera de ésos hubiera disparado. Pero no hicieron nada.

Sin embargo, descubrimos que al auto con que debíamos regresar a Piura, le habían bajado las llantas.

Más tarde hicimos un viaje al norte en una camioneta cuyo chofer parecía que era enemigo. En las afueras del pueblo, de repente, se detuvo el vehículo. El chofer dijo que tenía que arreglarlo porque había una falla. Eran como las seis de la tarde. Yo oscurecía. Casi todos salieron de la camioneta para mirar. En esto, yo vi que se acercaba un grupo como de seis hombres que venían diciendo: “A quien queremos conocer es a ésa, a la Magda Portal”. Yo abrí la puerta, y bajé de frente, pensando que se trataba de gente amiga que no sabía expresas mejor. Curiosísimo fue eso, abrí la puerta y salí. Como hacía un poco de fresco, yo tenía las manos en los bolsillos. “Yo soy Magda Portal”, les dije. Entonces, ellos retrocedieron y se dispersaron. Se fueron sin decirme nada. Como si se hubieran asustado. ¿Tal vez pensaron que estaba armada? Yo me quedé un rato desconcertada, después me di cuenta. ¡Gran miedo! Los otros se habían dado un susto tremendo. Efectivamente, algunos de nosotros tenía un revólver: uno, nada más.

Al rato, regresó el chofer y la camioneta no tenía nada. Él había preparado todo esto. De esos episodios he tenido muchos. En Arequipa, los curas impidieron que las mujeres fueran al teatro donde yo iba a hablar. Pero ellos estuvieron en primera fila.

Magda Portal en Cusco


“amor y matrimonio”

A mi hija la tuve, creo, a los 23 años. Son episodios tan tristes… Hubo momento en que él robó a mi hija y entonces tuve que ir con un revólver a reclamarla.

Me enamoré varias veces. En todos mis versos hay amor. Pero el amor tiene un tiempo y ese tiempo es corto. Un poeta chileno amigo mío decía que “el amor eterno dura tres meses”. Yo, como soy poco romántica, creía que el amor debía durar siempre. Pero eso no es cierto; el amor se acaba. Inclusive se acaba hasta la amistad. Mis amores, mi matrimonio… son episodios e mi vida que deseo olvidar aunque existen, los conoce todo el mundo, pero quisiera que no existieran porque fueron lastres para mí. Ese hombre fue un lastre, apocado, carente de personalidad, y tan celoso… Mis viajes no los hice con él. Los hice con mi hija. Recuerdo que entonces era delgada, usaba trajes vaporosos. En Santo Domingo, bajando del barco me confundieron con una de las bailarinas que venían a actuar ahí. Se me acercaron los periodistas. Entonces, yo les dije que era Magda Portal. “Ah, Magda Portal”. Creían que venía con dos bombas en la mano. No podían imaginarse que fuera como cualquier muchacha normal.

A mi hija la tuve, creo, a los 23 años. Son episodios tan tristes… Hubo momento en que él robó a mi hija y entonces tuve que ir con un revólver a reclamarla. Estaba dispuesta a matar si no me la daban. Es curioso. Algunos episodios de mi vida se asemejan a los que tuvo que pasar Flora Tristán, una de esas personalidades femeninas tan extraordinarias de la historia y de la cual se han dicho cosas tan controvertidas. Su vida es apasionante y yo vine a descubrirla un poco tarde, cuando la dirigente de las mujeres socialistas de Chile, Felicia Vergara, me pidió que le diera una conferencia sobre Flora Tristán. Bueno, después tuve que poner tierra de por medio para librarme de la persecución…

Pero volviendo al sentido que se da al matrimonio monogámico, no tiene nada que ver con el amor, resulta completamente pasadista. ¿Qué si soy católica? No, tengo mis ideas, pero católica no soy. Cuando era joven, hasta los 15 años, lo fui, y después me liberé completamente. Me liberé de lo que en realidad la religión disminuye enormemente, y más que nada a la mujer. La religión siempre ha sido un freno para todo lo que sea ascensión de la mujer. La ha frenado, la ha rebajado, especialmente en las cláusulas al marido”. ¡Y pensar que alguna vez me casé por la Iglesia..!

El matrimonio legal tiene valor por el hijo, pero la mujer debe ser libre dentro del matrimonio, y no tener la sujeción del marido, ni en lo económico, ni en ninguna otra forma. El gran valor de Flora Tristán fue reivindicar los derechos de la madre a disponer de su persona y de sus hijos. Ella reivindicó el derecho de una madre a darles su propio apellido cuando ella lo quiera, y cuando el matrimonio esté roto. Y no imponer a la mujer que lleve el nombre del marido. Hay niños que no pueden ir al Colegio porque no tienen el apellido del padre, porque no han sido reconocidos. Y eso es una injusticia. Lo importante es que la mujer se preocupe de pedir nuevas leyes a su favor. Leyes que la liberen de la sujeción del marido.

¿Abortos? No uno, sino varios. Este es uno de los problemas más tremendo de la mujer, porque ahora resulta que el aborto se usa como método anticonceptivo. ¿En mi época? Sí, claro, la mayoría eran clandestinos. Estando casada me hice una ligazón de trompas. Era muy joven y el médico me preguntó: “¿pero usted no va a querer más hijos después?” “No, doctor”. Parece que mi acento fue terminante. Claro que esa operación estaba prohibido, pero él era mi amigo.

Yo entiendo que una mujer que se casa y quiere tener hijos, debe tenerlos, máximo tres. Eso es lo humano, lo que se puede sostener. Pero también sería necesario que a la mujer se le dé mejores condiciones de vida para que no sea exclusivamente un ama de cría. Nada más que parir y parir, eso no. Ser ama de casa, atender al marido día tras día, nada más que eso, ¡no! Ahí terminó la mujer: en nada, en un ser totalmente anónimo. Todas estas ideas fluían a mi cerebro cuando decidí evitar los hijos. Nunca quise tener más hijos, los evité. Sabía que tener un niño es algo sagrado, yo no iba jamás a abandonar a un hijo. Pero entonces, no podía hacer lo otro. Lo otro que brotaba de mi ser, que era mi camino, mi vocación.


“¿poeta o poetisa?”

La gente quiere que se diga ahora “poeta”. Todos somos poeta, pero no suena del todo bien. Suena mejor “poetisa”. Se dice sacerdotisa, profetisa; entonces, la mujer es poetisa. ¿Qué hay mujeres que tienen a mal que se les diga poetisas, porque poeta tiene más valor ya que es masculino? No sé, eso también es un una forma de discriminación, porque eso de querer que a una le digan poeta, es como apegarse a los hombres porque poetisa no vale nada, no tiene valor ser poetisa. Y la poetisa es tan poeta como cualquier poeta, y a veces mejor que ellos. ¿Poesía masculina, poesía femenina? Cuando se trata del tema erótico, sí, solamente en este caso. Pero si no, es solo poesía. En cuanto a que puede haber una sensibilidad especial por parte de la mujer, es según como se exprese. Una madre no puede expresarse lo mismo que un padre. Los poemas de la madre de Gabriela Mistral son bellísimos, y nunca tuvo un hijo. Un hombre no podría haber escrito eso. El poeta Gamaliel Churata me decía: “Lo único que me duele de no ser mujer, es no poder parir un hijo” (25)

Mi vocación esencial siempre ha sido poesía; lo demás, es una enorme necesidad de comunicación. En mí, escribir es comunicarme, a pesar de que tengo un poema que dice: “le tengo tanto miedo a las palabras, por eso estoy callada…” Pero hay una necesidad de comunicación, y cuando se presenta la oportunidad quiero decir tantas cosas, y no las puedo decir todas en poesía. También hay que decírselas a un púbico que no entiende, que no lee tanto, que no lee casi poesía. Yo siempre estuve en contacto con las mases. Alguna vez estuve en las universidades populares González Prada, con José Carlos Mariátegui en Vitarte, donde hacíamos actuaciones especiales, y yo leí algunos poemas que están en mi libro Constancia del ser, que pertenece a mis primeras épocas...

Lo que quiero decirles es que estoy fundamentalmente poetisa… y que no soy propiamente periodista. Claro, poesía, no se puede escribir todos los días. Yo sigo creyendo, como Rilke, que basta escribir un buen poema que cine poemas malos… Ahora, yo creo que todavía puedo seguir escribiendo…

ana maría portgual y  esther andradi

(1) Se refiere a Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador del Partido Aprista Peruano (Alianza Popular Revolucionaria Americana), uno de los políticos de más larga trayectoria en el país. Actualmente, ejerce el cargo de Presidente de la Asamblea Constituyente. Nacido en Trujillo, en 1895. 

(2) Este fue un intento del entonces presidente Leguía para congraciarse con la Iglesia. (Su gobierno dictatorial es conocido como el “Oncenio”). El rechazo provino del sector estudiantil y obrero. El Ejército reprimió violentamente. Haya fue el líder estudiantil. Hubo dos muertos y varios heridos.

(3) Ideólogo marxista, autor de 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, fundador de la Confederación General de Trabajadores y del Partido Socialista (1895-1930)

(4) Poetisa uruguaya, casada con el poeta peruano Juan Parra del Riego.

(5) Escritora peruana de la generación de Mariátegui.

(6) Llamado el “Cachorro”, seguramente por su combatividad. Fue el número dos del APRA. Líder carismático, murió a comienzos de la década del 60.

(7) 1930.

(8) Político peruano, inicialmente vinculado a Mariátegui, fue uno de los fundadores del Partido Comunista Peruano. Más tarde, renegó de sus ideas marxistas, vinculándose al APRA. Posteriormente se convierte en el adalid del macartismo y la ultraderecha. El gobierno del General Velasco le despojó de la ciudadanía peruana a raíz de una campaña contra el Perú que él propugnó desde el exilio.

(9) Recientemente, Magda Portal se ha solidarizado con el movimiento femnista “Acción para la Liberación de la Mujer Peruana” – ALIMUPER – participando y respaldando el Seminario que sobre “Mujer y Política” realizó este movimiento en marzo de 1978.

(10) Intento revolucionario por parte de importantes cuadros del APRA. En esa revolución estuvieron implicados elementos de la Marina y el Ejército. Julio Cotler dice que éste fue un “movimiento revolucionario antioligarquico, basado en el levantamiento militar con participación popular armada (Clases, estado y nación en el Perú). Francasado el intento “por la ambigüedad y traición de la jerarquía del Partido” (Cotler, Villanueva) el gobierno de Bustamante y Rivero puso al Partido Aprista fuera de la ley, e inició la persecución de sus dirigentes.

(11) Proceso militar seguido a los conspiradores de la fracasada revolución del 48. Se realizó en 1950 en el cuartel del Potao. Ahí fueron juzgados la mayoría de los integrantes del Consejo Ejecutivo. Magda Portal, que había estado escondida durante un año, se presentó al proceso; mientras éste duró, permaneció en la Carceleta de la Policía de Investigaciones del Perú (PIP). Ahí escribió su folleto Quienes traicionaron al pueblo. Fue absuelta.

(12) Víctor Villanueva, ex mayor del ejército (se retiró en 1948). Participó activamente en la sublevación del 3 de octubre de 1948. Como consecuencia, fue deportado a Venezuela por el general Odría, quien subió al poder luego de derrocar a Bustamante y Rivero. Historiador y político de izquierda, ha publicado varios libros referidos al Ejército Peruano y al Apra, temas del que es conocedor profundo.

(13) Es la historia de un joven aprista, Carlos Steer, que a los 19 años dio muerte a los esposos Miró-Quesada. Pasó gran parte de su vida en la cárcel.

(14) Se refiere al 3 de octubre de 1948.

(15) Se refiere a un mitin.

(16) Destacado líder aprista.

(17) El general Manuel Odría derrocó a Bustamante y Rivero y gobernó al Perú durante ocho años (el “ochenio”). Reprimió duramente al APRA y los partidos de izquierda.

(18) Presidente del Perú entre 1930 y 1933. Derrocó a Leguía y fue asesinado el 30 de abril de 1933. Este asesinato fue achacado al APRA.

(19) Presidente de Chile.

(20) Fue llamado “El poeta de la juventud”.

(21) Famoso escritor peruano, y militante del APRA en sus primeros años.

(22) Actriz de Hollywood, notoria por sus sucesivos casamientos.

(23) Uno de los más importantes ingenios azucareros de la costa norte del país, expropiado por la Reforma Agraria del Gobierno del General Velasco Alvarado (1968-1975)

(24) De la generación de Haya y Mariátegui.

(25) Poeta indigenista, nacido en Puno. Fallecido recientemente.

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* ANDRADI, Esther; PORTUGAL, Ana María. Ser mujer en el Perú.- Lima: Ediciones Mujer y Autonomía, 1978.

** Según su biógrafo, Daniel Reedy, Magda Portal nació en 1900.

Las fotos de Magda Portal las hemos tomado de la Biblioteca de la Universidad de Texas en Austin, Colección Latinoamericana Nettie Lee Benson.

Agradecemos a Ana María Portugal y Esther Andradi su autorización para publicar aquí esta entrevista.   

Los interesados en conocer más sobre la vida y obra de Magda Portal quedan invitados a participar en La trampa. Taller audiovisual sobre Magda Portal y la situación de la mujer en el Perú. Más información en este enlace.


Escrito por

Isegoria

Sobre la vigencia de autores, su conexión con nuestro medio y, por ello, su valor público, económico y social


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